El Encuentro que Cambió una Vida
En el año 2002, durante un viaje a un Congreso en Las Vegas, Nevada, un amigo me pidió que visitara a un Tío Abuelo que vivía en una zona de protección de las etnias Paiutes del Sur (Nuwu) y Shoshones Occidentales (Newe). El viaje fue largo y extenuante por vía terrestre — más de 16 horas de conducción gracias a un navegador satelital.
Las personas del lugar me contaron sobre una zona descubierta accidentalmente por un colono y su familia, donde los caballos se transformaron en verdaderos centauros al lamer rocas y beber agua de un surco rocoso. Los nativos comentaron que los lobos heridos también iban a ese lugar a revolcarse y sanaban sus heridas.
«Nunca imaginé que ese viaje, la conversación con esos nativoamericanos y el regalo de una muestra de Arcilla iba a cambiar mi vida y la de miles de personas que la han utilizado.»
Al regresar a mi laboratorio, donde desarrollaba un tratamiento en base a Células Madres para uso humano, envié la muestra a un Doctor en Mineralogía de la Universidad de Maine. Su respuesta fue emocionante: esa Arcilla era un producto único de origen orgánico, proveniente de un sedimento de un océano fósil desarrollado junto a una fuente de agua termal, con alto contenido de Ácido Fúlvico — algo absolutamente distinto y único que no existe capacidad humana de replicar.